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El Chocó vive una crisis social sin precedentes; poblaciones empobrecidas por la acción de los grupos armados, las bandas delincuenciales y el mismo Estado - con su complacencia a proyectos de “desarrollo”-, socaban la dignidad de los pueblos y destierran a las comunidades indígenas y afrocampesinas física, espiritual y mentalmente. En la última década, los habitantes del Chocó han sido testigos de una cruda agudización de la violencia. El conflicto, que anteriormente se encontraba en las zonas rurales, ha asumido en la actualidad una dinámica urbana y, por lo tanto, las cabeceras municipales se han convertido en el escenario de homicidios, extorsión, amenazas, desaparición forzada, robos, atentados, hostigamientos, secuestros y múltiples formas de violencia basadas en género, en donde la vinculación de niños, niñas y adolescentes generan una alarma social. Frente a esta situación y frente a una sostenida dinámica de economía extractiva, de guerra y de afectación ambiental, los derechos fundamentales que se deben garantizar a niños, niñas y adolescentes en el territorio, parecerían ser más que derechos, una utopía. 

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Los niños, niñas y adolescentes, en muchas ocasiones, tienen que andar largos trayectos para llegar a escuelas e internados para asistir a clases, donde: "muchos se encuentran con una falta de docentes y de personal idóneo para su cuidado, instalaciones deficientes para su acogida, entre otras precariedades" (Defensoría del pueblo, 2020:45).

En estos trayectos son asaltados por los grupos armados al margen de la ley que los convencen para alistarse en sus filas ya que, según ellos, es la única salida a la situación de vulnerabilidad, pobreza y abandono que viven (CNMH, 2017; Defensoría del Pueblo, 2020; Springer, 2012).

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Por lo general, los grupos armados en las zonas urbanas inducen a los niños y niñas a consumir drogas o con regalos como celulares para forzarlos a entrar en los grupos (Defensoría del Pueblo, 2020).

La vinculación y el reclutamiento es más difícil de identificar que cuando sucede con grupos armados en las zonas rurales ya que los NNAJ duermen en sus casas, aunque obedecen órdenes para cometer delitos.

El proceso de vinculación inicia con el encargo de “mandados” y pequeñas recompensas como sustancias estupefacientes, dinero o celulares.

Es preciso enfatizar en las recompensas de los primeros “mandados” con sustancias estupefacientes, pues a partir de las experiencias de los jóvenes que hicieron parte del proyecto, se entiende cómo ésta es una de las principales metodologías implementadas por los grupos para el reclutamiento, pues además de comprometer a los jóvenes en actos delictivos, buscan generar vicios y dependencias a las drogas que construyen en últimas, una dificultad para que los jóvenes se puedan desarticular de los grupos.

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"Los mexicanos son nuevos, como desde el 2019. Antes nos llamábamos los chematicos (…) Antes de ellos los mexicanos éramos de los “tanon”. Nosotros éramos los mercenarios. Aunque los mercenarios eran unos manes que están en la cárcel, pero uno hacía parte también, si me entiende. Pero ya ese man hizo alianza con los urabeños, pero como a nosotros no nos gusta eso, entonces todo el mundo se le quitó. Primero fueron los chuqui, después los chematico y luego los mexicanos. Cuando el capitán manda, los marineros tienen que hacer caso. A mí sí me gustó el cambio de nombre. (…)Yo vine a ser mexicano acá en la correccional, ¿si me entiende? A mí me capturaron en 2018 todavía era de los tanón cuando caí acá. Cuando nos dimos cuenta que ese man había hecho alianza con los urabeños, a más de uno no nos gustó y nos volvimos mexicanos estando acá adentro. Algunos. Ya todo esto es México. USA es lo mismo. Los amigos con los que vivía eran Chematicos y ahora ya todos son México."

                                                                                                               (Fragmento entrevista César, 2021)

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"La verdad es que cojo armas desde hace rato. (silencio) Desde antes de venir [a Quibdó] porque como le digo yo de mi pueblo cuando estaba allá que me decían que me iban a llevar yo antes de que me empezaran a decirme así, más de una vez estaban por ahí [el ELN], con su arma así y yo andaba con ellos pero sin balas, sin cargador, o sea... para que a uno se le dañara la cabeza y me fuera con ellos. Y desde ahí ando con arma."

                                                                             

                                                                                                              (Fragmento entrevista Arturo, 2021)

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"Me gustaría que escuchen mi lado de la historia pa´ que no me juzguen por lo que soy, y cuando hablo así me siento como desahogado, me siento mejor."

                                                                                                           (Fragmento entrevista Jerónimo, 2021)

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"Sabes que nada, que y cuando un día sí no sé qué, estaba azarado, y cuando fumé… Y ya, lo peor que hice fue fumar, lo peor que hice fue fumar porque cuando fumé fue que ya me metí al cuento de una vez, porque me dejé llevar pues de ese punto. Que no, que esto es una chimba, que esto, que… sabiendo que lo que me estaba haciendo un daño era a mí mismo. (...) Si uno se crea el vicio, el vicio lo mata a uno porque uno no puede matar al vicio. Entonces yo creo que ese si es un punto básico de estupefacientes. Los estupefacientes son un punto básico porque hacen que una vida se pierda."

                                                                                                               (Fragmento entrevista Jaime, 2021)

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"De acuerdo con el Sistema de Información Estadístico, Delincuencial Contravencional y Operativo de la Policía Nacional -SIEDCO-, entre 2017 y 2019, la cifra de muertes violentas no superó el centenar de casos; pero el número llegó a 151 en 2020. Y las principales víctimas fueron los jóvenes: el 54 % de los quibdoseños asesinados el año pasado son menores de 30 años." (Pacifista, 2021)

Las nuevas generaciones, están fuertemente afectadas por la violencia y la sistemática violación de Derechos Humanos por parte de diversos actores armados, el olvido institucional y la corrupción que ha marcado la historia del territorio. Esos niños, niñas y jóvenes que llegaron con sus familias, despojados de sus territorios, se encontraron con poca oferta de empleo, salud, vivienda, educación y servicios públicos y por ello se han vuelto un blanco fácil de reclutamiento por bandas delincuenciales y actores armados. Esto explica por qué en el departamento del Chocó, al menos uno de cada cuatro combatientes irregulares es menor de 18 años y por qué, cinco de cada diez muertes violentas ocurren en adolescentes y jóvenes. Estos niños, niñas y adolescentes son vinculados a la guerra como soldados, espías, delatores, mensajeros o campaneros.